25 de mayo de 2013

Dogs and Jackals

 # 1859.1014.53
700 – 500 a.C  

En Mesopotamia y en Egipto se han encontrado diversas versiones de un tablero con 58 agujeros y algunas líneas que conectan a algunos de ellos. Las formas de los tableros son variadas así como los materiales con los cuales los construyeron, pero a pesar de haber sido encontrados en lugares distantes, invariablemente todos contaban con el mismo número de perforaciones. La formas de los tableros varían, así como sus materiales de fabricación (cerámica, arcilla, marfil), pero mantienen la disposición de los agujeros aun cuando si modifican las conexiones ente ello, tal como se observa en los siguientes tableros. 


# museo AO 19438

1100 – 1000 a.C.





# museo  26.7.1287 a-k
1814 – 1805 a.C.







# 1991,0720.1
1000 a.C. 






En la pieza que se encuentra en el Museo Metropolitano, se puede distinguir el dibujo de una palma y además se cuenta con las 5 piezas que representan a los perros y las 5 que representan a los chacales. Se han encontrado tableros en diversas partes del Este de Asia por lo cual se puede asegurar que fue un juego muy popular durante muchos años.




De acuerdo a H.J.R. Murray, cada jugador comienza con las piezas afuera del tablero y las va incorporando por la ubicación A siguiendo el trazado consecutivo hasta alcanzar la casilla número 30 identificada aquí con la letra H. Las ubicaciones distinguidas con letras aparecen resaltadas en todos los tableros lo cual debe significar alguna acción diferente al llegar a ellas. Las conexiones entre puntos parecieran ser atajos que sirven para adelantar posiciones. Murray indica que es posible que el recorrido no terminara en H sino que continuara hasta la entrada del adversario, siendo este el punto de salida. Esto luce factible ya que de otra forma el recorrido de las piezas contrarias no se encontrarían nunca, siendo de esta manera un juego poco interesante.


Por otra parte, cuando Murray escribió su libro, es probable que no conociera la pieza de la foto inferior donde se aprecia tres pares de conexiones entre las dos rutas lo cual sirve de soporte para establecer que efectivamente el recorrido cada jugador se prolongaba por todo el tablero y el punto H marcaba la mitad del recorrido. Dado el tamaño de este agujero respecto a los otros, es evidente que el mismo no permite mantener en el mismo las clavijas que si cabían en el resto por lo cual es posible que esa posición significara que al llegar a ella era necesario reingresar desde el comienzo. 

Murray infiere que debido a la distancia de 5 espacios entre las marcas principales de los agujeros, se debió usar cuatro varillas binarias (dos posibilidades) a manera de dados. En épocas posteriores al 1000 a.C, seguramente se utilizaron knuckle bones.




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